Seguridad de los envases alimentarios: el papel del laboratorio ante el nuevo escenario regulatorio

Imagen de Carmen Calatayud
Carmen Calatayud

04 Ago 2026

La aplicación general del Reglamento europeo de envases y residuos de envases, conocido como PPWR, a partir del 12 de agosto de 2026 supone un cambio relevante para las empresas de la cadena alimentaria. Aunque los requisitos relacionados con la seguridad de los materiales en contacto con alimentos continúan regulándose principalmente a través de la legislación específica de materiales en contacto con alimentos, el nuevo marco incrementa las exigencias en aspectos como la sostenibilidad, la reciclabilidad, la incorporación de material reciclado y la trazabilidad de los envases.

Este escenario refuerza la necesidad de disponer de evidencias técnicas que permitan demostrar tanto la conformidad de los materiales como la seguridad de los envases alimentarios a lo largo de todo su ciclo de vida.

La adaptación no debe entenderse únicamente como una actualización documental. Los nuevos requisitos se incorporan a un marco regulatorio ya amplio, en el que convergen la legislación sobre materiales en contacto con alimentos, las sucesivas modificaciones del Reglamento (UE) 10/2011 sobre materiales plásticos, las restricciones aplicables a determinadas sustancias y los requisitos asociados a los materiales reciclados.

En este contexto, el laboratorio de materiales en contacto con alimentos desempeña un papel fundamental para transformar las obligaciones regulatorias en evidencias objetivas que permitan evaluar la seguridad y adecuación de los envases.

El análisis debe responder al uso real del envase

No todos los materiales se comportan de la misma manera ni todos los envases están destinados a las mismas aplicaciones. El tipo de alimento, el tiempo de contacto, la temperatura, los tratamientos térmicos o las condiciones de almacenamiento pueden influir en la interacción entre el envase y el producto.

El objetivo último es garantizar que el material no transfiera componentes al alimento en cantidades que puedan comprometer la salud humana, modificar de forma inadmisible la composición del alimento o alterar sus características organolépticas.

Por ello, una estrategia analítica para envases alimentarios no debería plantearse de manera genérica, sino construirse a partir del uso previsto del material. El objetivo es comprobar que el envase mantiene su seguridad y funcionalidad en las condiciones en las que realmente va a utilizarse.

Este planteamiento cobra especial importancia cuando la empresa realiza operaciones de transformación sobre el material recibido. Procesos como el termoformado o el soplado pueden modificar las características del envase final y favorecer la aparición de sustancias que no estaban presentes, o no se encontraban en las mismas concentraciones, en el material de partida.

En estos casos, la información facilitada inicialmente por el proveedor puede necesitar ser complementada con nuevas evidencias sobre el artículo final.

Más allá de la migración global

Los ensayos de migración constituyen una herramienta esencial para evaluar la posible transferencia de componentes desde el material hacia el alimento.

Aunque la migración global continúa siendo un requisito fundamental para demostrar la inercia global del material, por sí sola no proporciona información sobre qué sustancias migran ni sobre los posibles riesgos asociados a compuestos concretos.

Por este motivo, la seguridad de un envase alimentario no puede determinarse únicamente mediante un valor general. Es necesario adoptar una visión más amplia que considere tanto las sustancias reguladas y conocidas como aquellas que pueden aparecer durante la fabricación, transformación, almacenamiento o uso del material.

La estrategia de control debe definirse en función de la composición del envase, la información disponible sobre las materias primas y los posibles riesgos asociados al proceso productivo. Esto permite seleccionar los análisis más adecuados y evitar tanto controles insuficientes como programas analíticos innecesariamente amplios.

NIAS: sustancias inevitables que deben evaluarse

Uno de los ámbitos que está adquiriendo mayor protagonismo es el de las sustancias no añadidas intencionadamente, conocidas como NIAS por sus siglas en inglés.

Estas sustancias no se incorporan deliberadamente a la formulación del material. Pueden proceder de impurezas, reacciones entre componentes, procesos de degradación o transformaciones provocadas por el calor, la presión, la radiación u otras condiciones de fabricación.

La presencia de NIAS en materiales en contacto con alimentos no implica automáticamente que un material sea inseguro. El reto consiste en detectarlas, obtener información sobre su concentración y evaluar si pueden representar un riesgo en las condiciones de uso previstas.

Por ello, la evaluación analítica de las NIAS debe ir acompañada de una interpretación toxicológica y de una valoración de la exposición. El resultado final debe permitir tomar una decisión fundamentada sobre la conformidad y seguridad del envase.

PFAS, bisfenoles y MOSH/MOAH: nuevos focos de control

La evolución regulatoria y científica está situando el foco sobre diferentes familias de sustancias de especial interés.

Los PFAS en envases alimentarios presentan una dificultad especial por la amplitud y diversidad de compuestos que pueden englobarse bajo esta denominación. Su posible presencia en determinados tratamientos superficiales y materiales con propiedades de resistencia a grasas o humedad está impulsando la necesidad de revisar formulaciones y estrategias de control.

También se han reforzado las restricciones sobre el bisfenol A y otros bisfenoles peligrosos. Esto afecta a diferentes materiales y componentes utilizados en contacto con alimentos, por lo que las empresas deben revisar tanto la información recibida de sus proveedores como las evidencias disponibles para demostrar la conformidad.

Por otra parte, los hidrocarburos de aceites minerales MOSH y MOAH pueden llegar a los alimentos desde diferentes fuentes. El envase puede ser una de ellas, pero también pueden intervenir materias primas, lubricantes, procesos productivos o fuentes ambientales.

En estos casos, el valor del laboratorio no reside únicamente en detectar una posible presencia. También debe contribuir a diferenciar interferencias, identificar el origen probable y orientar las medidas de mitigación más adecuadas.

Del resultado analítico a la toma de decisiones

El laboratorio debe ser entendido como una herramienta de apoyo a la gestión del riesgo y no únicamente como un mecanismo de verificación final.

Una planificación temprana permite detectar carencias de información, priorizar los materiales más críticos y anticipar posibles necesidades de sustitución, reformulación o validación.

Esta anticipación es especialmente relevante ante la aplicación del PPWR y la creciente exigencia de que las declaraciones y decisiones de conformidad estén respaldadas por documentación técnica suficiente.

El nuevo escenario regulatorio plantea una oportunidad para revisar los sistemas de control y avanzar hacia una gestión integrada de la seguridad de los envases. Una gestión en la que regulación, conocimiento del material, información de la cadena de suministro, análisis de laboratorio y evaluación del riesgo estén conectados desde las primeras fases de desarrollo y selección del envase.

En un contexto regulatorio cada vez más exigente, la seguridad de los envases alimentarios no puede sustentarse únicamente en declaraciones documentales. La combinación de conocimiento de los materiales, información de la cadena de suministro, ensayos analíticos y evaluación del riesgo será clave para demostrar la conformidad y garantizar la protección del consumidor.

En este escenario, el laboratorio se convierte en un aliado estratégico capaz de transformar los requisitos regulatorios en evidencias técnicas objetivas que permitan tomar decisiones fundamentadas.

En AINIA trabajamos con las empresas para definir estrategias analíticas adaptadas a cada material y aplicación, evaluar sustancias reguladas y no intencionadas e interpretar los resultados desde una perspectiva de seguridad alimentaria y cumplimiento regulatorio.

Comparte este artículo
Imagen de Carmen Calatayud
Carmen Calatayud

¿Te ha interesado este tema?

Déjanos tus datos y te contactaremos para resolver tus dudas o continuar la conversación.

Carmen Calatayud

Noticias relacionadas

Acceso a AINIA Network

Este espacio es exclusivo para miembros de AINIA Network. Si ya eres parte, accede con tu contraseña. Si no, puedes solicitar acceso.