La recuperación de recursos del agua está abriendo nuevas oportunidades para avanzar hacia una gestión hídrica más eficiente, circular y orientada al valor. En un contexto de escasez, presión sobre los recursos y necesidad de reducir impactos, las corrientes de agua ya no pueden verse solo como un residuo que hay que tratar. Debemos analizarlas como una fuente potencial de agua reutilizable, nutrientes, energía, biomasa y nuevos productos de valor añadido.
Durante años, el objetivo principal de muchas instalaciones ha sido tratar el agua para cumplir con los parámetros de vertido. Sin embargo, la transición hacia una economía circular del agua nos invita a ir un paso más allá: recuperar, valorizar y reincorporar recursos al ciclo productivo siempre que sea viable desde el punto de vista técnico, económico, ambiental y regulatorio.
Este cambio de enfoque es especialmente relevante para la industria, la agricultura, la bioeconomía y los nuevos modelos productivos, donde cada corriente puede convertirse en una oportunidad para reducir consumos, minimizar residuos y generar nuevas vías de aprovechamiento.
Del tratamiento del agua a la gestión del recurso
La recuperación de recursos implica mirar el agua desde una perspectiva más amplia. No se trata únicamente de depurar o reutilizar, sino de entender qué contiene cada corriente, qué valor puede aportar y cómo puede integrarse de nuevo en un proceso.
Este enfoque conecta con tendencias emergentes como el concepto water positive, que plantea ir más allá de la eficiencia dentro de la planta. La idea es considerar el impacto hídrico a escala de cuenca y buscar fórmulas para compensarlo mediante soluciones como la reutilización, la mejora de la eficiencia en agricultura, la reducción de pérdidas en redes o la recarga de acuíferos.
En este nuevo escenario, la gestión del agua deja de ser una actuación aislada dentro de una instalación y pasa a formar parte de una estrategia más amplia de sostenibilidad, territorio y resiliencia hídrica.
Innovación colaborativa para convertir retos en proyectos
La valorización de corrientes hídricas requiere conocimiento técnico, pero también capacidad para estructurar proyectos, identificar financiación, conectar agentes y escalar soluciones. Muchas empresas cuentan con buenas ideas o necesidades claras, pero necesitan apoyo para transformarlas en proyectos viables, financiables y ejecutables.
En este ámbito, entidades como Medrar actúan como agentes habilitadores, conectando empresas, centros de conocimiento, administraciones y otros actores del ecosistema de innovación. Su papel es clave para identificar oportunidades, definir objetivos, construir consorcios, localizar instrumentos de apoyo y acompañar la ejecución de los proyectos.
Existen líneas de financiación nacionales y europeas que pueden impulsar iniciativas vinculadas con agua, bioeconomía, sostenibilidad, economía circular, agricultura y valorización de recursos. Programas como Horizon Europe, LIFE o partenariados como Water4All pueden ser instrumentos relevantes cuando los proyectos tienen un enfoque colaborativo, demostrativo o de alto componente innovador.
La clave está en alinear bien la idea con el grado de madurez tecnológica, el tipo de socios necesarios, el impacto esperado y la convocatoria más adecuada.
Agricultura vertical y eficiencia hídrica
Uno de los ámbitos donde la gestión eficiente del agua cobra especial interés es la agricultura vertical. Este modelo productivo permite cultivar en entornos controlados, con sistemas hidropónicos cerrados y recirculación de agua y nutrientes.
Empresas como Neboda Farms están aplicando este enfoque para producir vegetales de hoja en sistemas de interior, con un alto grado de automatización, control ambiental e inteligencia aplicada al cultivo. La recirculación permite reducir de forma muy significativa el consumo de agua y fertilizantes frente a modelos agrícolas tradicionales, al tiempo que favorece una producción estable durante todo el año.
Sin embargo, incluso en sistemas muy eficientes como estos, aparecen corrientes que pueden contener nutrientes y materia orgánica. En lugar de desecharlas, podemos plantear nuevas estrategias de valorización que permitan recuperar parte de ese valor y generar productos con potencial aplicación.
Lemna: de corriente hidropónica a biomasa de valor
Desde AINIA trabajamos en esta línea con Neboda Farms a través de iniciativas de innovación abierta como StartBEC, que permiten conectar capacidades tecnológicas con empresas emergentes y nuevos modelos productivos. El actual desarrollo está centrado en la valorización mediante Lemna (también conocida como lenteja de agua) de las corrientes de salida del cultivo vertical, una vez que no cumplen los requisitos técnicos para el riego de estos vegetales.
Esta planta acuática presenta una elevada capacidad de crecimiento en medios acuosos y un gran interés por su potencial como biomasa de valor. El punto de partida es claro: en los sistemas hidropónicos, la solución nutritiva se recircula durante un periodo determinado, pero llega un momento en que debe renovarse por la acumulación de carga orgánica y el desajuste progresivo de determinados componentes. Esa corriente, aunque ya no sea óptima para el cultivo principal, todavía contiene nutrientes que pueden ser aprovechados.
El cultivo de Lemna permite avanzar en una doble dirección. Por un lado, contribuye a reducir la carga de la corriente hidropónica. Por otro, genera una biomasa con potencial interés para alimentación, formulación de bioestimulantes u otras aplicaciones de valor añadido con un reducido coste.
Los primeros ensayos muestran resultados prometedores. Se ha observado un buen crecimiento de la biomasa en corrientes hidropónicas diluidas, así como un incremento del contenido proteico y una incorporación relevante de nutrientes como fósforo, potasio o hierro. Estos resultados abren la puerta a seguir optimizando el proceso y estudiar la aplicabilidad de la biomasa obtenida.
Escalar para llegar a condiciones reales
Como ocurre en cualquier proceso de innovación, el paso de laboratorio a entorno real es determinante. Los ensayos preliminares permiten validar hipótesis, pero es necesario avanzar hacia pruebas en condiciones más representativas, con mayores volúmenes y sistemas más próximos a la operación real.
En el caso del cultivo de Lemna, los siguientes pasos pasan por optimizar la estrategia de adición de la corriente hidropónica, trabajar en régimen semicontinuo, evaluar el comportamiento en condiciones al aire libre y escalar a volúmenes piloto. También será clave profundizar en la composición bioquímica de la biomasa y en su perfil de aminoácidos para valorar posibles aplicaciones en alimentación o como bioestimulante.
Este tipo de aproximaciones permite transformar un residuo o subproducto líquido en una oportunidad de recuperación de recursos, conectando eficiencia hídrica, producción de biomasa y circularidad.
Hacia una bioeconomía del agua
La recuperación de recursos del agua representa una oportunidad estratégica para la industria y para el conjunto del sistema productivo. Nos permite reducir impactos, aprovechar nutrientes, generar nuevos productos y avanzar hacia modelos más circulares y resilientes.
Desde AINIA trabajamos para ayudar a las empresas a identificar oportunidades de valorización en sus corrientes, evaluar tecnologías, validar procesos y escalar soluciones con aplicación real. El objetivo no es solo tratar mejor el agua, sino extraer todo el valor posible de cada corriente.
La gestión del agua del futuro será más circular, colaborativa y orientada al recurso. Para avanzar en esa dirección, necesitaremos combinar tecnología, conocimiento aplicado, financiación, colaboración entre agentes y visión de mercado. Porque en muchas corrientes de agua todavía hay recursos por recuperar y oportunidades por desarrollar.





