En los últimos años, se ha observado una creciente preocupación por cuestiones relacionadas con el medio ambiente y la calidad de los productos alimenticios. De hecho, en la última década el
mercado ecológico de la UE se ha cuadriplicado, lo que demuestra que no estamos ante una moda pasajera, como se podría creer, sino frente a un ciudadano cada vez más responsable.
La duda que nos surge es ¿de qué hablamos cuando nos referimos a productos o producción “eco”?
¿Qué se entiende por producción ecológica en la UE?
Para contestar a esta pregunta, antes debemos saber que es la producción ecológica. Según el Reglamento 834/2007 sobre producción y etiquetado de los productos ecológicos, la producción vegetal debe cumplir ciertas normas para ser ecológica:
1. los tratamientos del suelo deben respetar la vida y la fertilidad natural del mismo;
2. la prevención de daños debe basarse en métodos naturales para lo cual se permite utilizar un número limitado de productos fitofarmacéuticos autorizados por la Comisión;
3. las semillas y los materiales de reproducción vegetativa han de producirse ecológicamente;
4. los productos de limpieza deben haber sido autorizados por la Comisión.
Por otro lado, la producción ganadera ecológica debe cumplir ciertas normas sobre:
1. el origen de los animales, que deben nacer y criarse en explotaciones ecológicas;
2. las prácticas zootécnicas, por ejemplo en relación con ciertas características del alojamiento de los animales;
3. los métodos de reproducción de los animales, en general naturales;
4. los piensos, que deben ser de origen ecológico;
5. la prevención de enfermedades;
6. la limpieza y desinfección, en las que deben emplearse únicamente productos autorizados por la Comisión.
Además, también se regula la agricultura ecológica, para la cual la Comisión autoriza la utilización de un número limitado de productos y sustancias. Estos productos pueden destinarse al cuidado de las plantas, a la alimentación de los animales y a la limpieza de las instalaciones utilizadas para la producción animal y vegetal.
¿Ahora bien, como diferenciamos los productos que cumplen todos estos requisitos? La respuesta es muy sencilla: por su etiquetado.
En la publicidad del producto o en sus documentos comerciales pueden figurar los términos
«eco» y
«bio» para caracterizar a un producto ecológico, sus ingredientes o las materias primas. Además, esta indicación debe ser fácilmente visible en el envase y contener una referencia al organismo de control que certifica ese producto. También deberá utilizarse el
logotipo comunitario en los productos alimenticios producidos mediante agricultura ecológica e indicar el lugar de procedencia de las materias primas que componen dicho producto.
Modificaciones a la vista
La Comisión Europea ha publicado
nuevas propuestas para un nuevo Reglamento sobre la producción y el etiquetado de los productos ecológicos.
Dacian Cioloș, Comisario de Agricultura y Desarrollo Rural, ha declarado el pasado 25 de marzo que: «El futuro del sector ecológico de la UE depende de la calidad y la integridad de los productos vendidos con el logotipo europeo de producción ecológica. La Comisión busca ampliar y mejorar la agricultura ecológica de la UE consolidando la confianza de los consumidores en los productos ecológicos y eliminando los obstáculos que se oponen al desarrollo de la agricultura ecológica. Este conjunto de medidas es bueno para los consumidores y para los agricultores. Los primeros tendrán mayores garantías sobre los alimentos ecológicos producidos y vendidos en la UE, y los agricultores, los productores y los minoristas podrán acceder a un mercado más amplio, en la UE y fuera de ella.».
La propuesta tiene como objetivos principales mantener la confianza de los consumidores, mantener la confianza de los productores y facilitar a los agricultores el paso a la agricultura ecológica. Para ello, la Comisión propone lo siguiente:
1. reforzar y armonizar las normas, tanto en la Unión Europea como con respecto a los productos importados, eliminando muchas de las excepciones actuales en materia de producción y control;
2. reforzar los controles basándolos en el riesgo;
3. facilitar a los pequeños agricultores el paso a la agricultura ecológica permitiéndoles adherirse a un sistema de certificación de grupo;
4. abordar mejor la dimensión internacional del comercio de productos ecológicos incorporando nuevas disposiciones sobre las exportaciones;
5. simplificar la legislación para reducir los costes administrativos de los agricultores y mejorar la transparencia.
Con suerte estas medidas se transformarán a corto plazo en leyes concretas que favorezcan este tipo de producción y de productos.