Andrés Pascual / 11 Mayo 2013

400 partes por millón de CO2, huellas y competitividad

Las empresas agroalimentarias tienen por delante el reto de adaptarse y aprovechar las oportunidades de una economía baja en carbono para el 2050, impulsada por la UE, y que el mercado va a demandar. Caso contrario perderán competitividad.

 400 partes por millón de CO2

Recientemente los medios de comunicación anunciaban que la concentración de CO2 en nuestra atmósfera está ya en 400ppm, record de la era industrial, y subiendo… ¿Qué quiere decir esto?. Significa que los gases en la atmósfera con capacidad de retener la radiación solar reflejada en la superficie de la tierra (efecto invernadero), de los que el CO2 es el más importante, se van acumulando en exceso y debido a ello sube la temperatura (calentamiento global), alterándose peligrosamente las condiciones de nuestro clima (cambio climático). ¿A que se debe el constante crecimiento de la concentración neta de estos Gases de Efecto Invernadero (GEIs) en nuestra atmósfera?. Fundamentalmente a causas antropogénicas, es decir a la acción del hombre, y  desde el comienzo de la era industrial donde la concentración de CO2 era de 280ppm.

La intensificación del uso de fuentes fósiles (carbón, gas natural, fuel, gasolina, gasoil, etc.) en actividades industriales en todo el mundo y el incremento del transporte por carretera han sido las principales fuentes responsables de este aumento. Las actividades agroalimentarias, en especial la agricultura y la ganadería, son también responsables de la emisión de GEIs como el N2O y el CH4 con un poder de calentamiento 21 y 230 veces mayor que el CO2 respectivamente. En el último inventario publicado por el MAGRAMA, estas emisiones suponían el 10,9% del total. ¿A qué riesgos nos enfrentamos por el efecto del cambio del clima?. Quizá los CO2-escépticos puedan cambiar de opinión leyendo un reciente informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente que incluye datos reales registrados, proyecciones y consecuencias que puede tener para Europa, y sobre todo para España. Desolador.

La estrategia de la Unión Europea para combatir el Cambio Climático.

Así pues, no es de extrañar que la Comisión Europea se haya propuesto liderar a la comunidad internacional en la lucha contra el cambio climático y se haya impuesto objetivos ambiciosos para la reducción progresiva de GEI. De cara al 2020, la meta es reducir un -20% las emisiones de GEI respecto a los niveles de 1990 (estrategia 20-20-20), y para el 2050 un -80/95%, según se establece la hoja de ruta hacia una economía hipocarbónica competitiva en 2050. Alcanzar estos grandes objetivos implica invertir en un sinfín de políticas de promoción y desarrollo de eficiencia energética, energías renovables, tecnologías industriales bajas en carbono, agricultura y ganadería sostenible, captura y almacenamiento de CO2, etc., etc. Mucho dinero (el 20% del presupuesto de la CE 2014-2020), y muchas oportunidades para las empresas que sepan entenderlo como tal.

 

El sector agroalimentario, el cambio climático y las huellas ambientales
 

El sector agroalimentario español tiene ante sí el reto de aprovechar este horizonte hacia una economía baja en carbono. En caso contrario la oportunidad se convertirá en pérdida de competitividad. Según la hoja de ruta para una Europa eficiente en el uso de recursos de la CE, "la cadena de valor de los alimentos y bebidas en la UE genera el 17% de nuestras emisiones directas de GEI y el 28% del uso de recursos materiales". El documento hace especial hincapié en la necesidad de reducir el impacto ambiental producido por los productos alimentarios a base de proteína animal, buscar productos sustitutivos o moderar su consumo … Lo dicho, o se trabaja en reducir emisiones, o se perderá competitividad en el mercado global.

Desde el 2008, muchas empresas agroalimentarias con visión estratégica han trabajado de forma voluntaria y discreta en el cálculo de su huella de carbono. Un buen ejemplo es Matarromera que en 2010 se convirtió en la primera bodega en certificar su huella de carbono, e incluso ponerla en la etiqueta de su vino (emina).

Sin embargo, el sector ha criticado, no sin razón, la diversidad de metodologías (ISO 14064, GHG Protocol, Bilan Carbone, PAS2060, ..) y la necesidad de tener mayor integracion y homogeneidad de criterios para no confundir al consumidor y poder jugar todos con las mismas reglas del juego. Además, ha planteado una pregunta lógica: ¿tiene sentido hablar sólo de huella de carbono como indicador medioambiental?. ¿Y que hay de la contaminación al agua, los residuos, etc.?. A igualdad de comportamiento medioambiental, la huella de carbono puede favorecer a empresas alimentarias instaladas en países como Francia que cuentan con un mix energético bajo en carbono gracias a la energía nuclear (…).

 

Las cosas pueden estar cambiando. La European Food Sustainable Consumption and Production (SCP) Roundtable es la mesa europea de alimentación para la producción y consumo sostenible de alimentos y acaba de dar por finalizado el periodo de exposición pública del ENVIFOOD  Protocol. Se trata de la primera metodología armonizada a nivel internacional para la evaluación medioambiental de productos alimentarios, y está llamada a ser la que la UE avale. A finales de 2013 tendremos la versión final 1.0. una vez ya finalizado el periodo de pilotaje que arrancó el pasado 31 de marzo. En este periodo de pruebas están participiando 21 organizaciones, entre ellas, Nestlé & Quantis, Barilla, Ferrero, Carlsberg Italia,  Tetra Pack International, Triballat Noyal, European Bottled Water Federation, UNESDA, SIK, etc. Además, la plataforma cuenta con un grupo de trabajo en materia de comunicación que tiene la misión de desarrollar criterios en un aspecto especialmente sensible.

Hoy en día, las grandes empresas agroalimentarias ya no esconden sus cartas. Casi todas ya aplican una estrategia de comunicación activa de sus objetivos de reducción de emisiones de GEI: Heineken tiene como meta reducir sus GEI en un -40% para el año 2020, Nestlé un -35% por tonelada de producto para el 2015, Danone un -30%, Unilever un -50% en sus productos para el 2020, etc. Además, con una visión necesaria de cadena están motivando a sus proveedores para hacer lo propio.

 

Reducción, compensación y … responsabilidad social corporativa.

No sólo reducción, algunas empresas emplean ya mecanismos de compensación de emisiones hasta alcanzar la neutralidad a través de proyectos de mejora medioambiental y social. Y es que una ventaja importante de comunicar esfuerzos en reducción de GEI es reforzar la estrategia de Responsabilidad Social Corporativa, o RSC. La RSC es ya elemento de diferenciación en el mercado actual. A igualdad de otros factores, la reputación de las empresas decanta la decisión de compra del consumidor.

¿Qué pueden hacer las empresas agroalimentarias que no han avanzado hasta ahora?.

Empezar por calcular su huella de carbono corporativa (la más fácil) y trabajar poco a poco en la de productos o servicios apoyándose en la metodología más completa de Análisis de Ciclo de Vida y que permitirá luego transitar a cualquier modelo de huella ambiental. Definir objetivos de mejora y un plan de acción para alcanzarlos. Es necesario tener en cuenta que muchas medidas relacionadas con eficiencia energética, permitirán obtener ahorros directos y/o amortizar inversiones y mejorar la productividad de forma rápida. ¿A qué esperar?. Además, deben analizar la viabilidad de otras opciones muy eficaces tales como el eco-diseño de envases, la sustitución de materiales plásticos por biopolímeros, la implicación de proveedores en las políticas medioambientales, el uso de biomasa o biogás, y otras renovables como fuentes de energía bajas en carbono, cambiar a combustibles para el transporte menos contaminantes en CO2, etc.

Financiación para eco-innovar e reducción de emisiones.

La Comisión Europea a través de programas como LIFE+, ECO-INNOVATION y el futuro Horizon2020 facilitan financiación para que las empresas invertan en eco-innovación para ayudar a transitar hacia una economía baja en carbono en el 2050. Quien no aproveche para innovar y reducir su huella de carbono está perdiendo el tren.

Y como recomienda este blog, las empresas agroalimentarias tienen el reto de pasar de pensar en términos de "eco-obligación" en materia de emisiones de CO2 a la mentalidad de la "eco-oportunidad" a través de la innovación. Está en su mano.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Andrés Pascual
Jefe de Innovación

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